Alcalá del Júcar es uno de los pueblos más espectaculares y pintorescos de la provincia de Albacete; este bonito pueblo esta declarado Histórico-Artístico por Real Decreto, su situación y el excepcional paisaje que forma la hoz del Júcar, producen una sensación de poder parar el tiempo y contemplarlo en todo su esplendor.

Antes de llegar al pueblo, en un pueblo anterior, unos chicos nos pararon y nos dijeron que había un sistema de autobuses para llegar al pueblo y así, no masificar la zona de aparcamiento de Alcalá y se podía llenar pronto. Nosotros, como pretendíamos seguir después, decidimos llegar y aparcar.

Con suerte pudimos aparcar nada más entrar en el pueblo, en un aparcamiento debajo de un puente. Ya fuera del coche, encontramos el mercado del pueblo donde compramos algo de fruta. Nos sorprendimos al descubrir también un mercado medieval, justo al lado de la playeta, una zona de baño en el río Júcar.

La Playeta

Justo antes del Puente Romano, entramos en la oficina de turismo, allí nos dieron un plano y nos informaron de todo lo que podíamos hacer. Al salir, empezamos a subir por el puente; éste era paso obligado del camino Real de Castilla a Levante con gran importancia en los siglos XIV y XV, convirtiéndose en puerto seco o aduana. En 1990 tuvo que se restaurado sustituyendo la albardilla deteriorada por la erosión por piedra natural de Alcalá.

Al cruzar el puente giramos a la derecha para continuar nuestra subida. Al poco rato llegamos a la Iglesia de San Andrés (S.XV y XVIII). Su torre al igual que la fachada es de estilo academicista, del arquitecto Lorenzo Alonso de tres cuerpos y de gran altura.

Puente Romano
Iglesia de San Andrés

Salimos de la iglesia y continuamos, siempre para arriba. Seguimos las indicaciones hacia la Cueva del Diablo. La verdad es, que todo esta muy bien indicado y casi todos los caminos hacia arriba, llegan al castillo. La peculiar situación del pueblo, permite que la mayoría de las casas estén excavadas en la propia montaña, con cuevas tan largas que cruzan de lado a lado la montaña. Decidimos visitar la Cueva del Diablo – Garadén, dos cuevas que se unían en su interior. Con la entrada, podíamos visitarlas, derecho a una consumición y entrada en el Museo del Cine.


Además de estas, existen varias cuevas mas visitables, como la Masagó-Gruta del Duende o la cueva natural fortificada por los arabes llamada Garadén, situada a unos 3 kilometros.

Compramos las entradas al propietario de la Cueva del Diablo, lo reconocimos porque por toda la cueva existían fotografías de el con gente famosa y conocida (Juan José Martínez, El Diablo, siempre con el mismo bigote). Esta cueva tiene más de un siglo de historia, su propietario restauró turisticamente las dos cuevas e incluso instalo un bar y una discoteca dentro.

Después de tomar algo en la discoteca, subimos por unas escaleras metálicas hacia la segunda cueva. Cinco plantas de altura, sorteando gente que bajaba por ella. Tanto en una como en la otra cueva, estaban decoradas con utensilios i herramientas de épocas antiguas. Esta última cueva era la más antigua de las dos, unos 750 años. Aquí llegamos a un bonito mirador, en época estaba destinado para que los centinelas vigilaran el paso de la gente. Éste era un paso de aduana y tenían que pagar.

Discoteca
Tunel de 170m

Ya, al salir de las cuevas, nos quedaba poco camino para llegar al castillo. Después de un par de rampas, lo divisamos al final de una calle. Hacia el año 1213, los cristianos conquistaron la zona del Júcar y con ello el Castillo almohade. Se ha restaurado varias veces hasta su actual aspecto, con un torreón pentagonal y dos torres pequeñas de planta circular en los ángulos rectos, de la muralla primitiva de la población. Dentro podremos ver exposiciones temporales.

Desde esta altura teníamos una vista privilegiada del valle. Distinguimos a lo lejos la Plaza de toros, por su forma irregular única en su estilo. No se conoce la fecha de construcción, con un encofrado de cal, cantos y paja.

Castillo
Plaza de toros

A partir de aquí, todo era bajada. Llegamos al puente y decidimos buscar algún sitio donde comer. No tardamos nada, justo al lado del rio y con unas vistas esplendidas del pueblo, encontramos un amplio restaurante con una gran terraza. Aquí acabo nuestra visita a Alcalá del Júcar

Restaurante

Localización

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